• agosto 21, 2018
  • xaviervillacis
  • Columnas

Realmente resulta difícil, o por lo menos exigida, la formación de los jóvenes en tiempos en que a ellos se les entrega, desde la vida pública, más malos ejemplos que buenos. Panorama que en nada es contribuido por el debate abierto por la educación sexual en los adolescentes, vale puntualizar. Debate que por cierto ni siquiera está claro quién o como se inició pero que muchos políticos lo discuten sin aún mostrarnos donde se encuentra el abominable marco legal que pondría en peligro la sexualidad de los jóvenes.

Hilvanando desde el asunto que mantiene ocupado a ultra conservadores de todas las tiendas políticas del país, tendríamos que preguntarnos realmente que nos afecta como sociedad: si el brindarle libertad y la seguridad necesaria a una persona, incluida el respeto, para que se declare como quiera declararse sexualmente, o el atender como de a poco se devuelven, de la cárcel a sus casas, los Iván Espinel, las María Sol Larrea y en un poco tiempo más todos los Jorge Glas.

¿Qué es lo que en verdad nos degrada como sociedad? ¿La educación sexual en las aulas a los jóvenes, reconocer lo diferente de lo que tradicionalmente se ha catalogado como “normal”? o ¿ver a una caterva de pillastres paseándose con libertad, desparpajo e impunidad por nuestras calles galanteando sus riquezas luego de haber participado por diez años del mayor robo al dinero de todos los ecuatorianos? Creo que la mayoría en el país tenemos claro lo que realmente nos degrada.

Y si alguna duda queda basta con observar la cantidad de inmorales de medio pelo que se han decidido por la política con el afán de superarse en sus fechorías desde alguna dignidad de elección popular en 2019. Si otros lo hicieron y andan impunes o en el peor de sus casos luego de un tiempo en prisión salen a gozar lo robado, porque no ellos, se dirán. Así de esa forma, hasta que no veamos tras las rejas y devolviendo lo robado a todos los pillastres del pasado, el mal ejemplo hará de las suyas en cada municipio, prefectura o presidencia. (O)

Columna publicada en Diario El Telégrafo (03/08/2018)