• agosto 28, 2019
  • xaviervillacis
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La hora de Galo Lara

En reciente publicación, diario el Universo nos recordó de la persecución contra Galo Lara Yépez en el gobierno de Rafael Correa. Una estructura operativa al margen de la ley, desde donde el Estado arremetió con todo su poder contra un solo hombre. El cual, desde su curul (2009 – 2013), denunció casi todo lo revelado en las investigaciones de Fiscalía sobre los diferentes delitos ejecutados por el grupo de indecentes que gobernó el país una década. Investigaciones de Fiscalía que ahora apuntan también a quienes, sin ser gobierno, recogieron inmorales e ilegales beneficios de la banda correista.

El brío de Lara Yépez fiscalizador se mantiene presente en la memoria del país. De tal ímpetu se revistió su odisea contra reloj para notificar del intento de juicio político a Jorge Marún, el ex ministro de Obras Públicas de Rafael Correa. A Marún se lo recuerda por carreteras como la vía Quiroga – Calceta en Manabí: descarado perjuicio al dinero del país, fácilmente evidenciable al viajar por allí.

Igual a esa denuncia recordamos la del asalto a la UNA-EP en la transportación de su urea, delito a cargo del hijo del goebbeliano Fernando Alvarado. También el denominado caso “Mameluco” donde Correa fue denunciado en Fiscalía, acusado de pretender realizarle sexo oral a un ciudadano en Carondelet. Denuncias como estas volvieron a Lara el mayor fiscalizador y enemigo del correismo, hasta el punto que el gobierno de Correa utilizó la masacre de Quinsaloma para ajustar cuentas contra Lara.

El infausto suceso -realmente aún por esclarecer- les sirvió para llevarlo a prisión, tras robarle a Lara su escaño de asambleísta en 2013. De ese fraude, recordemos, también se benefició quien hoy ostenta el cargo de prefecto de Los Ríos al recibir, de manos del correismo más protervo, un escaño que nunca habría ganado. Ahora que buscamos restituir la moral pública, a la par de reconocer a quienes enfrentaron un Gobierno criminal, la Fiscalía debe apuntar hacia todos los cómplices y beneficiarios de las ilegalidades de una banda que hizo de la perversión y el latrocinio conducta de Estado. (O)