• septiembre 14, 2018
  • xaviervillacis
  • Columnas

Como nunca antes en la historia política electoral de Quevedo han surgido tantos precandidatos a la alcaldía y al concejo del cantón como ahora. Individuos de toda ralea con tufo más de truhan que de político surcan nuestros horizontes a bordo de naves de bandera negra con calaveras cruzadas por huesos.
Para fortuna de los quevedeños también expresan su intención de correr por un cargo en el cabildo prestantes ciudadanos de comprobado correcto proceder. Con una vida y familia bien estructurada que han alcanzado la tranquilidad económica para ellos y los suyos desde sus actividades particulares. Lo cual congelaría cualquier inquietud, de llegarse a pensar, que su objetivo electoral escondería la nefasta intención de ir a saquear el municipio, como sí se intuye procuran los piratas políticos.
Este asedio pirata surge de dos factores relevantes que van de la mano.
Por un lado el mal ejemplo labrado en esta y la anterior administración de Quevedo. Alcaldes llegados con apremios financieros que lo primero que habrían hecho -denunciado innumerable veces- es volcarse a las redes de la corrupción en procura de sanear sus finanzas personales. Siempre alcahueteados por concejales carentes de valores morales y limitados intelectualmente. De los cuales unos llegan al cabildo con igual situación del alcalde de ocasión, otros con una mano delante y otra detrás y casi todos con desmedidas ambiciones. Así el primer acto de corrupción, avalado desde el concejo, termina volviéndose norma común en los demás.
El otro factor que resulta favorable para la aventura de los corsarios políticos es el patrocinio en sus aventuras. Desde que el Estado financia gran parte de la campaña electoral a los candidatos, a más de uno le resulta encantador y fácil el volcarse a ser un candidato pirata ¿Que debemos hacer los electores para evitar que el cabildo caiga en iguales o peores manos a las actuales? Pedirles habrán sus cuentas, sus hogares, su pasado, evaluar su proceder público y privado, familias y todo lo necesario para tener en claro cuál es un señor y cual es un bribón. (O)

 

Publicación Diario La Hora, Los Ríos